lunes, 27 de febrero de 2017

Juan Manuel Cotelo: Su conversión

 Se le conoció popularmente a raíz del éxito de su pelicula La última Cima. Ese fue el principio de su conversión. Él declara que nunca estuvo fuera de la Iglesia, pero su fe se enraizó en su persona a raíz de conocer la vida del sacerdote Pablo Domínguez, después vinieron otros documentales también sobre la fe vivida... todo ello le llevó al encuentro personal con Cristo, de lo que habla en este video.



sábado, 28 de enero de 2017

¿Aún no tenéis fe?

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un cabezal.
Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: « ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! ».(Marcos 4, 35-41)


Este evangelio, a mí, personalmente, me reconforta. Que la última palabra la tenga Jesucristo cuando los vientos y las tormentas de la vida arremeten contra mi construcción, contra mi proyecto de familia, de vida, contra mí  misma, o contra los míos, me parece fantástico. Eso me ayuda, me hace entrar en el descanso. El Señor siempre está ahí para sosegar las tempestades, está ahí cuando clamo y le llamo sinceramente. Entonces, acontece y me dice una vez más, ¿por qué tienes miedo? ¿Es que te falta fe?. 

Y sí, me falta fe. Jesús es el Señor de la Historia, también de mi historia personal -y de la tuya, si le dejas- y en este sentido, ¿qué mejor patrón que éste para llegar a buen puerto?  ¡Silencio, enmudece! increpó ante un mar embravecido... y todo recobró su calma. Esta Palabra de Dios rezuma esperanza. 

¿Por qué te abates alma mía? ¿Por qué te turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo, dice el salmo. Qué maravilla, vivir los acontecimientos de nuestra vida en esa esperanza, que Dios está detrás, que ni uno solo de nuestros cabellos se cae sin que Él lo permita. Que todo tiene un sentido, aunque nosotros en este momento seamos incapaces de verlo. Ánimo, ten fe, nos dice. Ánimo, que vengo pronto. 

Para mí este siempre ha sido un caballo de batalla: la fe. La fe no como creencia (los demonios también tienen fe, creen que Jesucristo es Señor) sino como confianza. La fe es confiar, fiarte de uno que sabe más que tú, y que te quiere con locura. Esa fe vivida en los propios acontecimientos de la historia personal es la que curte, y es la que hoy le pido al Señor para mí.

No es la primera vez, ni será la última, en que las olas me cubren totalmente... pero he aprendido una cosa, a fuerza de lidiar con las olas, y es "inclinar la cabeza", abajarme, coger la ola por abajo... cuando lo hago de esta manera, con humildad, la ola pasa por arriba y no me arrolla. También estoy aprendiendo a esperar en Dios, a no impacientarme, a dejar que Él lleve mi historia personal y la de mi familia... es tan difícil confiar, dejarlo todo en manos de Otro... pero así debe ser. Lo dejo todo en manos de uno que sabe más que yo, que nunca falla, que nos quiere enormemente, mucho más de lo que yo pueda imaginar. Estando en estas manos, ¿a quién he de temer? ¿Quién contra mí, si Dios está conmigo?

Enséñame, Señor, a dejar mi libertad en tus manos. Enséñame a confiar, y a vivir como un niño pequeño en brazos de su madre.

jueves, 19 de enero de 2017

Desvelando al Señor de los Anillos

Esta charla sobre el trasfondo espiritual del Señor de los Anillos es espectacular.  Diego Blanco ha escrito un libro: "Un camino inesperado: desvelando la parábola de El Señor de los Anillos" donde descubre quien era Tolkien y todo lo que quería transmitir con la trilogía de El Señor de los Anillos. Merece mucho la pena.

 

 



viernes, 13 de enero de 2017

La sabiduría de Dios


Bendita Navidad que todo lo renueva. Realmente es un milagro... entras en el adviento casi sin fuerzas, atosigado/a por tantos acontecimientos que te superan, y sales de la navidad esperanzado/a, con la fuerza de un búfalo, como dice el salmo. Esto sí que es obra de Dios, y presencia de Dios. Y supongo que al igual que me pasa a mí, le pasa a muchísima gente para la que este tiempo litúrgico supone una caricia efectiva, real, de Dios.


Y en realidad mi vida sigue siendo la misma, los problemas siguen ahí, pero yo no soy la misma de cara a afrontarlos. Este es el misterio de la navidad. Verdaderamente el Señor se hace fuerte en los corazones (aunque suene a cursilería). De la navidad de 2017 destacaría el encuentro con los Reyes Magos en nuestra parroquia, San Juan de Mirasierra. Ya van cinco años en que estos Magos de Oriente vienen y dan una Palabra de parte de Dios a las familias que a ellos se acercan. Y es espectacular cómo sin conocerte casi, calan, meten la espada de la Palabra hasta el tuétano -como diría san Pablo- y sacan vida. Ya llevamos varios años con Baltasar -no sé por qué motivo, siempre acabamos ante este rey negro- y este año, en cuanto me tuvo a tiro, me hizo una seña y me dijo: acércate... ¿me hiciste caso el año pasado? ¿Sigues sufriendo tanto por tus hijos?

Y ahí comenzó una larga conversación a varias bandas, con todos nuestros hijos alrededor de él, en la que fue desgranando para nosotros la importancia de la oración, de que los hijos rezaran también por los padres, individualmente; nos animó a que rezáramos el rosario en familia... me dijo que para mí iba a pedir a Jesús, igual que el año pasado, la fe. Porque me faltaba fe para ver que esta obra, la de mi familia, la lleva Dios, para que descansara en Él y para que me fiara de Él. "Deberías estar rezando continuamente, todo el día, sin parar un instante", me dijo, mientras me animaba a ofrecer los sufrimientos en reparación por tantas necesidades que hay en el mundo, no sólo por mi familia.

Nos habló de cómo Dios respeta la libertad del hombre, nos habló de la libertad como un bien muy preciado por Dios, y de que los hijos más rebeldes también son los más sinceros, los que están buscando la Verdad. 
Jose, mi marido, pidió a los Reyes paciencia, pero Baltasar, sabiendo lo que en verdad necesita, le replicó: La paciencia viene por el sufrimiento... hay que aprender a sufrir para tener paciencia, pero para ti voy a pedir otra cosa, la tranquilidad para hablar con tus hijos de Dios, de su vida. Eso es lo que no te atreves a pedirme, y lo que en verdad necesitas.

Ya despidiéndonos, me dijo: "no te olvides, la fe viene por la oración".

Como siempre, un lujo, un privilegio poder escuchar la sabiduría de Dios, a través de este Rey Mago.


martes, 3 de enero de 2017

Jeanny o la paz del corazón


Jeanny está llena de vitalidad. Transmite alegría. Es feliz hasta decir basta. Con Jeanny me ha pasado que primero he recibido su testimonio por escrito, y bastantes meses más tarde, la he llegado a conocer en persona. Es arrolladora. El Señor la ha tenido que pulir, y mucho, para sacar de esta piedra preciosa un diamante único, espectacular. La he conocido durante un Retiro de oración para jóvenes en Navacerrada (Madrid). Ella y a su marido José llevan algo más de un año casados y tienen un precioso bebé de 5 meses. 
Se casaron sin tener trabajo ninguno de los dos, confiados en que casarse era la voluntad de su Padre Dios, y enseguida Jeanny se quedó embarazada. Aquello les desconcertó un poco, pero como dice Jeanny, “el bebé viene con un pan debajo del brazo. Empezamos a trabajar los dos el mismo día, el 18 de enero de 2016, y el Señor lo hizo así para que comprendiéramos que nuestra vida la lleva Él; era como si nos dijese: no os inquietéis, Yo soy, estoy aquí con vosotros”. "Nuestro hijo se llama Abrahám y será sacerdote", comenta Jeanny plenamente convencida de que el Señor les concederá esta gracia. 



Me llamo Jeanny




Solo necesitaba paz…Paz y tranquilidad.

Mi infancia y mi adolescencia fueron difíciles debido a problemas familiares, soy hija única con lo cual sufría en soledad todos los conflictos entre mis padres. Dichos conflictos ocurrían desde que tenía uso de razón, en mis recuerdos tantos, que pareciera sucedieran todos los días…

Esto marcó profundamente mi sensibilidad y mi carácter.


En mi adolescencia me rebelé contra mis padres y contra el mundo. Pasaba mucho tiempo en la calle, consumía drogas y las vendía, frecuentaba malas compañías, tenía un carácter agresivo, ni estudiaba ni trabajaba y buscaba en el fondo el amor a través de tantas relaciones con chicos. En mi búsqueda del “amor”, y lo digo entre comillas porque realmente ni yo sabía lo que era amar, tuve varias relaciones duraderas con las que comencé a cambiar mis malas costumbres, pero mi corazón seguía herido y con mucho rechazo; y mi carácter todavía rebelde y brusco. Era soberbia y vanidosa, manipuladora y líder, llena de miedos y complejos, toda yo era un caos y un torbellino.


En esta etapa se separaron mis padres, para mí todo fue muy violento y doloroso. Me quedé con mi madre, y a los dos años, cuando por primera vez había paz en mi casa, brotó en mí ansiedad y depresión, que sufrí durante 12 años hasta su definitiva desaparición. Nadie supo de ella, la sufrí en silencio, ya que si hablaba de ella, ésta crecía.


Durante mi última relación de pareja estable -con esta ansiedad y todo lo que acarreaba- tuve una crisis de lumbalgia y ciática -tengo problemas de columna- que me tuvo en cama y en casa durante un año. Yo, que era tan vanidosa y me encantaba el deporte me vi inhabilitada entre cuatro paredes, durante casi todo el día sola. Mi pareja trabajaba y mi madre también. No solo sufría físicamente sino también interiormente, pero gracias a ésto se salvó mi alma…

Esta crisis fue mi salvación y de lo que se valió el Señor para llegar a mí. Yo siempre creí en Dios aunque no practicaba ni sabía nada de Él. De pequeña algunas veces me habían llevado mis padres los domingos a misa, y mi abuela me enseñó a rezar el Padre nuestro. Esto era todo lo que sabía de Dios.

LA DIVINA MISERICORDIA. Cuando casi había transcurrido un año de enfermedad, encontré por mi casa un folleto de la Divina Misericordia que había dejado mi madre. Lo leí una sola vez y aquellas palabras me impactaron, resonaron en mi corazón y lo creí realmente.

Comencé a rezar cada día a las tres de la tarde la Coronilla de la Divina Misericordia, pensando que si hacía eso me curaría. Después comencé a ir a misa cada día, también pensando que ello me curaría. Un poco después empecé con el rosario y ya por último me confesé -no lo hacía desde la comunión-. Yo hacia todo eso porque pensaba que con todo aquello me curaría, pero mi estado iba empeorando hasta el punto de que comenzaron a hacerme infiltraciones en el cráneo para desbloquear la musculatura cervical.

Al día siguiente de las infiltraciones me vi en cama apenas sin poderme mover; abatida porque el tratamiento no hacía efecto, harta de ver a distintos médicos y probar muchas terapias, me desahogué como nunca con Dios, y le reclamé. Al siguiente día la crisis desapareció, cancelé las futuras citas que tenía con el médico y todo terminó. Aquello terminó y había comenzado sin darme cuenta mi conversión.


EL AMOR VERDADERO EXISTE. Una vez comenzada esa conversión más profunda, me di cuenta de que no sólo vivía en pecado con mi novio, sino que además él no era el que Dios tenía preparado para mí, así que lo dejé y me involucré más en la Iglesia. Al poco tiempo mi director espiritual “me presentó” a Louis y Celia Martín. Para mí su historia fue un flechazo, de repente contemplé que el amor verdadero era posible . Yo, que estaba desencantada por todo lo que había visto y vivido hasta entonces, volví a creer en el amor en un instante, ellos me devolvieron la esperanza; no solo lo creí, sino que desde entonces nació en mi corazón el deseo de tener un matrimonio santo. Desde aquel día comencé a rezar por mi futuro marido, también a guardarme para él y serle fiel. Yo sabía que cuando él llegara, Jesús me lo haría saber en mi corazón como hizo con Celia. Y así comenzaron los cuatro años y medio de oración por mi futuro marido. Durante ese tiempo ofrecía cada rosario, misa, comunión diaria, ayunos, adoraciones, vigilias de oración… y cada bendición que recibía la ofrecía para él. A todo el mundo le pedía su intercesión por mi futuro marido, y todo esto lo hacía convencida de su eficacia. Cada día pensaba en él y pedía al Señor y a la Virgen que me lo regalaran cuanto antes. Durante ese tiempo hubo muchas subidas y bajadas, estaba ansiosa por que llegara, el tiempo se me hacía eterno.


Esa búsqueda errónea del amor en los hombres, fruto de mis carencias, sólo me había llevado al precipicio interior. Estaba equivocada en mi búsqueda, y eso Dios lo sabía, sólo El podía sanar y llenar ese vacío, y hasta entonces debía estar sola. Fue durante esos largos años donde El fue sanando mi corazón de heridas y rencores a través de su Palabra, de sacerdotes que me instruyeron, y de retiros. Empecé a comprender que Dios tenía que ser el CENTRO de mi vida para ser feliz, feliz desde el fondo de mi corazón. Comencé a tener paz en el alma, algo que llevaba buscando tanto tiempo… eran tantos años de tormento interior, recuerdos dolorosos, traumas, depresión, ansiedad…

Sin tener a Jesús en el centro de mi vida, sin tener felicidad interior ni paz, difícilmente podía aspirar a un matrimonio santo.


SU VOLUNTAD. Así, poco a poco, fui poniendo cada cosa en su sitio en el caos de mi vida y de mi corazón. Puedo decir que Jesús fue muy delicado en su “curación” e instrucción de la niña de sus ojos, así me considero. En esos difíciles años de transformación Jesús me enamoró con sus dulces consuelos, sus infinitas señales de amor y signos de su presencia en mi vida. Guiaba mis pasos claramente y yo me dejaba llevar.

Toda mi vida tomó un rumbo diferente el día que fui al festival de jóvenes de Medugorje. Allí conocí al que sería mi futuro esposo Jose Francisco y a mi amiga Patricia. Desde que nos conocimos Jose y yo surgió una relación muy especial, una conexión de almas más allá de la atracción física. Yo no daba crédito a lo que sucedía en mi interior puesto que todavía no había logrado progresar en mi superficialidad con los chicos. No me fijaba en su exterior, sino que me comencé a enamorar de su alma y esto me tenía desconcertada…

A pesar de la profunda relación que forjábamos durante la peregrinación, no había un avance sustancial puesto que él tenía pareja. Ella no estaba en la peregrinación ya que no era creyente y esto era algo que siempre impidió a Jose un avance con ella. También conocí a Patri, otra persona muy importante en mi vida. Con ella también hubo mucha conexión desde el principio y con ella fue con la que surgió más adelante la idea de entregar parte de nuestra vida para evangelizar a los jóvenes.

Volvimos a casa después del festival y finalmente no llegó a cuajar nada entre Jose y yo. Eso supuso un terrible golpe para mí. Yo iba convencida de que la Virgen allí me lo regalaría, había pedido durante meses ese regalo cada día. Eso sumado a la gran conexión que tuvimos me hizo sufrir una profunda tristeza y desesperanza… Todo ese sufrimiento me hizo refugiarme aún más en Jesús y María, hasta que un día sentí que me pedía mi voluntad a través del diario de Sor Faustina, y así lo hice… Seguía caminando donde sentía que Jesús me llamaba.

Me sentí realmente liberada del dolor y de mis ataduras. Llegó el momento en mi vida en el que tenía claro que Dios era lo más importante y que sólo a Él quería servir. Había interiorizado que solo su Voluntad me haría feliz. Tanto fue así, que el tema del marido pasó a un segundo plano en mi corazón y me involucré en un proyecto con mi amiga Patricia para evangelizar jóvenes, llamada que sentimos durante un viaje a Roma al que fuimos invitadas por unas monjas el mismo día que regalé mi voluntad al Señor.

En este proyecto pusimos mucho esfuerzo, nos costó un año de carrera a mi amiga y el trabajo a mí, estábamos dispuestas a todo… pero Dios tenía otros planes nuevamente para mí. El proyecto no llego finalmente a ningún puerto y la Iglesia nos cerró algunas puertas. Esto provocó nuevamente turbación en mi corazón, no comprendía… Ni me dio el marido, ni me permitió entregarme a la evangelización, estaba desolada…

Pero Jesús tenía TODO lo que anhelaba mi corazón preparado para mí.

Pocos meses después, en la semana de la Misericordia, me reencontré con Jose y comenzamos nuestra relación, nunca nos olvidamos y nos tuvimos presente en el corazón. Hoy en día llevamos 6 meses de noviazgo y estamos felizmente recién casados. Punto al que nos ha costado llegar tras algún que otro dolor de cabeza y sufrimiento debido a las múltiples oposiciones que tuvimos al matrimonio. Pero sabemos que Jesús y María nos han impulsado a dar este paso para nuestra misión y que estos obstáculos no han hecho más que fortalecer nuestro amor.

Hoy veo el tapiz de mi vida del derecho y me admiro de la belleza, meticulosidad y perfección de los planes de Dios; durante años yo solo fui capaz de ver el reverso del tapiz: multitud de nudos, hilos cruzados, diferentes colores, un sin sentido, una maraña… Pero la REALIDAD era otra bien distinta, muy distinta. Si confiamos en Dios nos daremos cuenta de que TODO en nuestras vidas esta orquestado meticulosamente con un fin, para una misión, donde ninguno de los sucesos y sufrimientos son en balde, donde TODO tiene un sentido; y si sabemos confiar en ello y no decaemos saldremos triunfantes.

Hoy no he perdido las ganas de evangelizar a los jóvenes, pero ahora a través de mi matrimonio y en conjunto con él. Solo quiero hacerles saber que no hay nada perdido, que el sufrimiento y el dolor no son eternos, que podemos ser felices, pero no superficialmente, sino desde el fondo de nuestro corazón y sin que nada lo subordine; y lo más importante, existe el amor verdadero, la santidad en el matrimonio, que no es ni más ni menos que vivir con Jesús en el centro de la pareja. Que sepan que quien confía en Jesús lo tiene TODO ganado y que nunca hay que perder la esperanza.

(Testimonio de Jeanny Sánchez. Jeanny y su marido fueron recibidos en una Audiencia privada durante su viaje de novios por el Papa Francisco,  y Jeanny leyó al Papa su testimonio. Él les dio su bendición apostólica). Este testimonio forma parte de un libro en gestación, que si Dios quiere llevará por título La perla escondida.

Victoria Luque. 

 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Y puso su tienda entre nosotros

En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. 

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. (Juan 1, 1-18)


¿Qué mejor evangelio que éste para comenzar el año? Se te expande el corazón... El verbo era la luz verdadera que alumbra a todo hombre... en el mundo estaba y el hombre no la conoció... vino a su casa y los suyos no la recibieron... pero a quienes la recibieron les dio poder para ser hijos de Dios... no hemos nacido de carne, ni de sangre... sino de Dios.

Quisiera reflexionar sobre algunas ideas que me parecen interesantes acerca del combate espiritual en el que todos los hombres estamos inmersos a lo largo de nuestra historia personal, combate entre el bien y el mal, combate contra el maligno, y que se establece igualmente entre Dios y Satanás desde el inicio de los tiempos. Un combate ya vencido por Jesucristo para nosotros, pero que continuará hasta nuestra muerte corporal o -si nos coge vivos- hasta la segunda venida de Cristo Jesús en poder y gloria.

La segunda Persona de la Trinidad, el Hijo, convivía en comunidad, en una relación fluyente de amor con el Padre y con el Espíritu, desde antes de la creación del mundo... la Palabra, el Hijo entra en el mundo y se encarna en el seno de una virgen. Y acampa entre nosotros, pone su morada entre los hombres, haciéndose uno de ellos, viviendo la misma vida que ellos ¿para qué? Para enseñarnos el camino de vuelta al Padre, y recuperar lo que estaba perdido, el hombre, entregado al sufrimiento y a una vida mortal por su soberbia. 

Por eso Dios, para restablecer la naturaleza caída del hombre tiene que hacer una triquiñuela: "no puede" vencer al diablo desde su condición de Dios, porque en ese caso sería Dios el que venciera a Satanás (cosa que ya había sido hecha, al expulsarle del Paraíso), y de esta forma el hombre no recuperaría su condición de ser humano creado para la eternidad. Por otra parte, el hombre por sí solo, tampoco puede restituirse a sí mismo venciendo al diablo, porque éste es más fuerte, más inteligente que él... la triquiñuela consistió en que el Hijo, de la misma naturaleza de Dios se encarnó en hombre, y de esta manera -Dios y hombre verdadero-  pudo vencer a Satanás, aniquilar la muerte eterna, desde el mismo hombre y con la fuerza de Dios, para  abrirnos de nuevo las puertas del cielo.

Esta es la lucha, hermanos, entre el bien y el mal, que subyace en la historia de la humanidad, y que hoy rememoramos, la entrada en la Historia de Dios hecho hombre. "Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron, pero a cuantos lo recibieron les dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre".

martes, 27 de diciembre de 2016

La fe de una niña está en juego


Almudena me ha sorprendido -y mucho- esta navidad. Almu esconde un corazón de oro y una mente despierta en ese cuerpecito que ya va espigándose, según pasan los meses -y los años-... digo que me ha sorprendido porque en su carta a los Reyes Magos ha pedido dos cosas, muy "simples", y no quiere nada más. Nada más y nada menos. Quiere: La paz del mundo y una mochila. Ahí queda eso. Ahora que se las apañen los Magos, que para eso tienen el poder y la sabiduría de Dios.

La paz del mundo. Y cuando le pregunto que si no quiere otras cosas... me dice que no. Que quiere eso. Quiere que no haya guerras, que la gente no se muera por que le den un tiro o le estalle una bomba. Que vivamos en paz. Una niña de ocho años pide lo mismo que el Papa Francisco en la Misa de Navidad: " Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las últimas semanas, de una de las batallas más atroces (...).
Paz para las mujeres y para los hombres de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los Israelíes y los Palestinos tengan la valentía y la determinación de escribir una nueva página de la historia (...). Que puedan recobrar unidad y concordia Irak, Libia y Yemen, donde las poblaciones sufren la guerra y brutales acciones terroristas. Paz a los hombres y mujeres en las diferentes regiones de África, particularmente en Nigeria, donde el terrorismo fundamentalista explota también a los niños para perpetrar el horror y la muerte.
Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo (...)
Paz a las mujeres y hombres que todavía padecen las consecuencias del conflicto en Ucrania oriental (...) Pedimos concordia para el querido pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y de reconciliación. Dicha valentía anime también la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera".

Así que si una niña de ocho años y un Papa se han puesto de acuerdo para pedirle a Dios Padre lo mismo, será porque se ha de dar el milagro del cambio del corazón, ese cambio que empieza por cada persona en concreto, por ti y por mí. Ese milagro Dios lo hará, pero el Señor ya sabemos como actúa... es tan respetuoso, tan caballero, que no fuerza las voluntades... así que el milagro tendrá que venir tras un primer paso del "hombre", tendrá que darse la voluntad del corazón de querer vivir en paz, querer perdonar, querer cerrar las heridas.

La paz en el mundo es una cosa muy seria, y no quiero que mi hija deje de creer en los Reyes Magos, y menos que dude del poder de Dios. Habrá que ponerse manos a la obra. arremangarse, tomarse en serio eso de "amar al enemigo" y humillarse un poquito. Después Dios hará el resto. Estoy segura. Pero el primer paso lo tenemos que dar todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Empecemos por nuestra casa, por nuestra familia... me lo digo a mi misma, quiero que este milagro se cumpla en mi casa, en mi barrio, en mi país, y en mi mundo globalizado.  ¿Con quien me he de poner en paz? La fe de una niña está en juego.



Teresa de Calcuta y la Misericordia




Los desahuciados, los abandonados, los leprosos, los moribundos, los niños solos, los enfermos de sida, las madres maltratadas, los refugiados, son objeto de los desvelos de las hermanas del sari blanco, repartidas en la actualidad por 123 países, en 610 misiones en todo el mundo.


Apenas han pasado tres meses desde la canonización de la Madre Teresa de Calcuta -4 de septiembre de 2016-, y sin embargo es tiempo suficiente para hacer un breve análisis sobre lo que la figura de esta pequeña-gran mujer ha supuesto para la Iglesia y por ende, para toda la humanidad. Ya en la misa de Beatificación, celebrada por Juan Pablo II el 19 de octubre de 2013, el papa recordaba que Teresa de Calcuta “fue un signo del amor de Dios, de la presencia de Dios y de la compasión de Dios que recordaba la dignidad de cada hijo de Dios, creado para amar y ser amado”. Palabras sin duda, que nos llevan a ver al mismo Dios presente en cada gesto, caricia, esfuerzo o sacrificio realizados por Madre Teresa y sus Hijas en favor de los más pobres de la Tierra. Por otro lado, quisiera hacer una breve mención a las palabras del capellán de las Misioneras de la Caridad en Madrid, José Mª Calderón, quien ha subrayado que “para la Madre Teresa mucho más pobre que el que no tiene pan, es el que ha perdido el amor, y por lo tanto la misericordia es devolverle esa dignidad”. 

Es decir, todo nuestro mundo occidental, derrochador, opulento, entraría dentro de esta coordenada de “falto de amor” y por lo tanto, las personas solas, angustiadas, desamparadas, sin sentido de la vida -que tenemos en nuestro entorno- serían también objeto del cuidado de las Hermanas de la Caridad. “No ser nada para nadie –dirá madre Teresa- es la peor de las pobrezas”.


Consciente de que su obra no le pertenecía, Madre Teresa animaba a sus Hijas a buscar el reino de Dios y su justicia, pues todo lo demás vendría por añadidura.
 
Tengo sed. Como es sabido, después de 20 años ejerciendo su vocación como religiosa de la Orden de Loreto, siendo profesora de chicas en el colegio St. Mary, en India, la madre Teresa recibe una inspiración de parte de Dios –en un tren, camino de Darjeeling, el 10 de septiembre de 1946-; es lo que ella denominará “la llamada dentro de la llamada”. A Teresa se le marcará a fuego en el corazón dos palabras pronunciadas por Jesús en la cruz: “Tengo sed”, de ellas surgirá toda la espiritualidad de las Hermanas de la Caridad. Tengo sed, sed del amor del ser humano. La labor de las hermanas de Calcuta será saciar esta sed de Jesús amando y entregándose al que sufre.

En la misa de Acción de Gracias por la canonización de Madre Teresa, celebrada en la catedral de Santa María la Real de la Almudena, monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, recordaba que Madre Teresa fue “portavoz del grito más necesario para los hombres de parte de Dios: Amáos los unos a los otros. Según ha incidido el prelado, la santa se convirtió en “profeta del siglo XXI” al advertir que las fronteras, la división, los motivos de enfrentamiento no son más que la consecuencia de que el hombre ha abandonado a Dios”.

Abundando en esto último, quisiera señalar que una de las grandes ideas que Madre Teresa deseó transmitirnos fue que “todo ser humano tiene anhelo de Dios”, o dicho de otra manera, que todo hombre es por naturaleza una sed encarnada. Recordemos como san Agustín, expresaría también esta gran verdad con otras palabras: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Como en el pasaje del pozo de la samaritana, Teresa y sus Hijas quieren ser ese lugar de encuentro entre el alma humana que tiene sed de Dios y Jesucristo, que sacia esta sed. Por tanto, nuestra sed está llamada a encontrarse con la sed de Dios. Esto lo expresa bellamente Benedicto XVI cuando dice que la oración es “el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed”. 




“La verdadera santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con una sonrisa”.








Es decir, Teresa de Calcuta quiso no sólo alimentar el cuerpo, sino también dar de comer al espíritu. Es por esto que los numerosos premios y reconocimientos que recibió en vida, fueron para ella una ocasión de anunciar a Dios a aquellas personas que quizás no hubieran tenido oportunidad de escuchar esta palabra de Vida. Sin ir más lejos, cuando en 1979 recibe por parte de la Academia Sueca el Premio Nobel de la Paz, Madre Teresa reza con el numeroso público asistente la conocida oración de san Francisco: Señor, hazme instrumento de tu paz…, y anima a los allí presentes a saber amar, compartir lo que tienen, y sonreír. “La verdadera santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con una sonrisa”, decía, y añadía que la santidad era “un muy alto grado de amor”. La sonrisa, efectivamente, formaba parte esencial de esa donación al otro que ella y sus Hijas realizaban cotidianamente. Y fue este deseo de acercar al hombre a Dios lo que extendería la obra de Madre Teresa, primero por el resto de la India, y después por el resto del mundo.

Guiada por la Providencia. El papa Francisco ha dedicado a Madre Teresa un calificativo que la define espléndidamente: “Incansable trabajadora de la misericordia”. Es cierto. A Madre Teresa le urge dar el amor que ha recibido. Y lo explica muy bien a sus alumnas de St. Mary, en India, cuando aún no ha tomado el sari blanco y sigue perteneciendo a la Orden de Loreto; a ellas les recordaba el pasaje de la visita de María a su prima Isabel, les explicaba que “Nuestra Señora tuvo prisa, porque la caridad no puede esperar”. Así, cuando por fin obtiene el visto bueno de la Santa Sede, sin dinero, sin apoyos de ningún tipo, lanzada a una Calcuta devastada por la guerra y llena de miseria y de muerte, Madre Teresa va dirigiendo sus pasos según la Providencia le dicta. La oración es su báculo. Madre Teresa vivía en absoluta dependencia de Dios. Y es impresionante ver cómo se abren las aguas para que pueda construir la casa Madre en el centro de Calcuta –un remanso de paz-, Nirmal Hriday, la Casa del Corazón Puro, en el barrio de Kalighat –primera casa de acogida para los moribundos-, o el hogar “Shishu Bhavan”, un hogar infantil para niños huérfanos, abandonados, enfermos, discapacitados o no deseados. Después en 1969 vendría la Ciudad de la paz, Shanti Nagar, donde a modo de pueblo, los afectados por la lepra podían desarrollarse como personas, mientras se recuperaban de la enfermedad. 
 
Consciente de que su obra no le pertenecía, Madre Teresa animaba a sus Hijas a buscar el reino de Dios y su justicia, pues todo lo demás vendría por añadidura. Y así ha sido. Baste un ejemplo: en cierta ocasión, Madre Teresa recibió la llamada de una de sus misioneras destinada en Agra (India). La hermana le comunicaba la urgente necesidad de un asilo para niños en aquella localidad, para lo cual se requerían cincuenta mil rupias. Ante la ausencia de dicha cantidad, la Madre Teresa se vio obligada a responderle que el proyecto era imposible de afrontar. Al cabo de un rato sonó de nuevo el teléfono, pero esta vez para comunicarle que en Filipinas acababa de serle otorgado el premio Magsaysay dotado con cincuenta mil rupias. Inmediatamente Madre Teresa llamó a la hermana para decirle que Dios deseaba que en Agra hubiera un asilo para niños.
Victoria Luque. Publicado en Cooperador Paulino. Diciembre 2016

martes, 13 de diciembre de 2016

Místicos, Santos y Papas hablan sobre la Navidad



Puso su tienda entre nosotros

Habría que desbrozar la Navidad y quitarle toda esa hojarasca que la envuelve, habría que atender a las enseñanzas de los santos, de los papas, de las personas comprometidas con el evangelio para descubrir lo que quieren decir –y a lo que nos invitan- las palabras “Dios con nosotros”.


El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en tinieblas” profetizará Isaías refiriéndose a la venida del Mesías. Y qué sería de la humanidad si esta luz, este Verbo encarnado no hubiera venido a colocar su tienda entre nosotros... nos hiciste Señor para ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en ti, dirá Agustín de Hipona. En este sentido, este tiempo de navidad se vuelve tiempo oportuno, alto en el camino para una humanidad muchas veces desorientada, abatida, anonadada ante tantos acontecimientos para los que no tiene una respuesta que la haga entrar en la paz del corazón. 
 
Anna Catalina Emmerich. Y queriendo desvelar el significado verdadero de este tiempo y degustar aquello que celebramos, transcribo aquí las palabras de la beata Anna Catalina Emmerich, referidas a cómo ella “vio” el nacimiento de Jesús. Esta religiosa alemana tuvo distintas experiencias místicas así como los estigmas de Jesús hasta el día de su muerte en 1824: “Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. “

Y continúa Anna Catalina Emmerich relatando su visión: “Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo “.

San Bernardo, abad. Bernardo de Claraval -que por cierto, también tuvo una experiencia mística en la que María le ofrecía a Jesús una noche de navidad, y a partir de la cual toma los hábitos como monje benedictino (año 1112)- dirá en relación a este misterio del nacimiento del Hijo de Dios lo siguiente: “Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Y que un niño se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado”. 
 
Y prosigue el llamado por sus coetáneos, “cazador de almas y vocaciones”: “¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por su humanidad”.
¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la

 misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado

 nuestra miseria?” (san Bernardo de Claraval)



San León Magno. Llegados a este punto, conviene recordar las palabras del pontífice más grande del siglo V, León Magno, quien en un sermón de Navidad, animaba a los cristianos a vivir su fe, de esta manera: “Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios. Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo”.
San Juan Pablo II. Y por último, escuchemos lo que dicen dos papas de nuestro tiempo en relación al misterio de la Navidad; uno de ellos, Juan Pablo II, para quien la navidad no es sólo la conmemoración de un acontecimiento histórico ocurrido hace dos mil años en una aldea de Judea, sino que “es necesario comprender más bien que toda nuestra vida debe ser un «adviento», una espera vigilante de la venida definitiva de Cristo".

Toda nuestra vida debe ser un «adviento», una espera
 vigilante de la venida definitiva de Cristo". 
(san Juan Pablo II)

Papa Francisco. Por otra parte, el papa Francisco da la clave para entender la venida del Hijo de Dios: “La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros”.
Victoria Luque. Publicado en Cooperador Paulino. Diciembre 2016.